(KABALCANTY DIXIT)
"ES LO QUE HAY"
No sé cuando se puso de moda la frase, o si simplemente fue la casualidad la que me hizo topar con ella en cuestión de unos pocos meses, lo cierto es que llegó a exasperarme en estos tiempos en los que me encolerizan demasiadas cosas.
La primera vez ocurrió cuando me telefonearon de una subcontrata de limpiezas con motivo de uno de los innumerables curriculums que había dejado a lo largo y ancho de la ciudad. La miseria que cobraba en el paro me hizo sentirme alegre ante la posibilidad de malvivir un poco más desahogadamente. A las 11 menos diez esperaba en una salida a que me llamara el jefe de personal, según me anunció una recepcionista aguijoneada de un acné muy tardío.
Al entrar saludé.
- Buenos días, señor..............González.
Me respondió un hombre de pelo rizado, dedicándome una rauda mirada por encima de mi cabeza, tras consultar mi apellido en el curriculum.
En un ademán, me indicó que me sentara frente a él.
- Bueno, ya sabrá usted que nuestra empresa se dedica a la limpieza de espacios públicos cerrados. Se lo participo porque su trabajo como operario limpiador será de índole nocturna. Se trabaja de lunes a viernes, en jornadas de ocho horas, con la salvedad de algún evento especifico que se cubrirá con horas extras a 5 euros/hora, y su sueldo será de 850 euros/bruto/mes. ¿Entendido?
Me interrogó, encarándome por primera vez.
- ¿Y el sueldo en euros/familia fina/mes?
Me miró contrariado, sin entenderme.
- Que ese sueldo es una puñetera mierda.
Le dije sin más.
Apoyó ambas manos sobre el borde de la mesa y me contestó:
- Es lo que hay.
La segunda vez me pasó cuando me encontré con un antiguo vecino que ya no vivía en el bloque. Me dijeron que, tras su divorcio, había cambiado de alojamiento. Aunque tenía una confianza relativa con él, nos alegramos cívicamente cuando nos encontramos por una de las calles del centro urbano. Le vi algo cambiado físicamente. Se había tintado el cabello con unas mechas entrecanas y llevaba unas gafas de pasta marrones. Llevaba una camisa de rayas rosas sobre la que descansaba una chaqueta de lino azul marino. Su piel bronceada, a pesar de que estábamos en Abril, hacía resaltar la deslumbrante blancura de sus dientes. Daba la sensación de ser alguien importante, un actor, un célebre intelectual, un modelo en el esplendor de la madurez, quizás.
- Estoy genial desde que me divorcié, tío.- me dijo, elevando la voz como si yo padeciera de sordera.
Le confesé que le encontraba fenomenal.
Recordé que trabajaba como celador un hospital público de la zona sur.
- ¿Y tú? Te veo chungo: tripón, calvo, triste. ¿No haces deporte?
Me dejó un poco descolocado. Le eché la culpa a la cerveza.
- Déjate de coñas. -expuso, tomándome del antebrazo- Hay que cuidarse para poder disfrutar de la vida a tope. Somos jóvenes todavía. Mira yo, con los cuatro arreglos que me he hecho y una hora de gimnasio, triunfo. ¿A que no te imaginas los polvos que me pego con esta percha? Cada quince días, un mes a lo sumo, cambio de yegua. Mejor que cuando tenía veinte años. Ahora estoy con una colombiana que devora en la cama. ¡Un tornado con tetas!
No sabía muy bien qué decir. No sé por qué, supongo que por salir del trance simplemente, le pregunté si se había enamorado otra vez. Fue una pregunta imbécil, lo sé, pero me surgió ante la insolencia de la pose de mi vecino.
- ¡Venga ya! Tú no estás puesto, hombre de dios. Follar y follar, y déjate de compromisos que te llevan a la ratonera.
Me dedicó una mirada paternal y me palmeó el hombro antes de decirme:
- Es lo que hay.
Poco después, estando de compras con mi mujer en unos grandes almacenes, tuve la desafortunada idea de, para entretenerme, mientras ella ojeaba las rebajas textiles, adentrarme en la sección de librería. Hacía tiempo que tenía en mente comprar un libro de poesía "Poemas de la luz y la palabra" de Rafael Morales, un autor que gozo de una gran simpatía por mi parte en mi época de juventud y que tenía ahora un tanto olvidado. Sabía que era uno de sus últimos libros, del año 2003, antes de su fallecimiento y que lo había editado Hiperión. No me fue difícil saber que no estaba en el establecimiento, pues los ejemplares de poesía apenas ocupaban espacio alrededor de una ingente amalgama de libros. No obstante, me acerqué al dependiente y le pregunté por susodicho ejemplar.
- ¿De poesía?
Se extrañó, mirándome de pies a cabeza de soslayo.
- Es que apenas nos dedicamos a la poesía, caballero. No vende, es un género menor que prácticamente a quedado relegado a exigencias escolares. Pueden encontrar antologías de los clásicos, pero lo contemporáneo queda, como aquel que dice, entre cuatro amigos. Si me permite aconsejarle, tenemos unas entradas bastante interesantes que, en pocos días, han arrasado en ventas. Son autores consagrados, serios, que estoy seguro que llenaran la insatisfacción que le produce la ausencia de su producto.
- ¿No le parecen serios los autores menos conocidos o desconocidos?
Le pregunté, notando cómo me latía mi sien izquierda.
- No, por supuesto que no. Simplemente le aconsejo sobre la tendencia cultural del momento y la poesía que usted reclama no tiene cabida ahí. Es lo que hay, caballero.
La última vez que me lapidaron con la frase de marras fue hace unos días, diez o doce a lo sumo. Di un parte de aparcamiento al seguro y llevé el coche a un taller de chapa y pintura para que me arreglaran y repintaran un lateral. Después que le entregué el parte al encargado del taller y le expliqué lo que deseaba que me hicieran, le ofrecí un cigarrillo al mecánico con el fin de hacer amigos convenientes. De buen grado lo aceptó, alegando el lujo en que se había convertido abrasarnos los pulmones, lo cual compartí. Mientras fumábamos, comenzó a mirar mi coche y sacudió un par de veces su dedo índice antes de decirme:
- ¿Cuantos años tiene el "bólido"? Va "pa" viejo, eh.
Trece años, trece años había hecho en Marzo.
- Y me pregunto yo: ¿no se da cuenta que un coche con esa edad le sale caro? Comienzan las averías serias, en la ITV todo son problemas, consume más combustible, es más incómodo........ Mire, no es por nada, pero tenemos una exposición nuestra aquí al lado que por unos miles de euros se lleva usted un segunda mano casi a estrenar.
Argumenté, sin mucho énfasis ya que las conversaciones de motor me parecen tediosas, que apenas utilizaba el coche, que lo movía en trayectos cortos, que no sabía en realidad por qué seguía teniendo coche, y por último y principal, que no tenía un duro.
- Nuestra financiación se ajusta a cualquier bolsillo, créame. Somos sabedores de que, en estos tiempos de crisis, el que más y el que menos anda "agobiao". Sabe usted del empaque social que le puede dar un buga tipo berlina con los asientos en semicuero y el salpicadero en vinilo con sofisticación a madera. Volverán la cabeza muchos cuando pase usted con él al volante, créame. Estos coches tan pequeños ya no son para su edad. Usted necesita que las cuatro ruedas sostengan una vida resuelta, madura, con el aplomo de su porte.
Medié, como pude, para asegurarle que mi vida madura no estaba ni mucho menos que resuelta.
- Bueno y eso que más da. Sepa usted que es más importante parecerlo que serlo; y se lo digo porque conozco cada caso en el barrio que....... Un coche adecuado viste por dentro y por fuera a la persona adecuada.
Como me pareció una perogrullada, supongo que le puse gesto.
- Es lo que hay, amigo.
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